Recuperar la vista, fue recuperar la libertad: la historia de Felisa Cruz y su cirugía en Clínica Biobío

Vivió tres años de incertidumbre esperando su cirugía de cataratas en el sistema público. Hoy, comparte su testimonio para relatar lo que significó para ella concretar ese sueño en nuestra clínica.
Durante tres años, Felisa Cruz vivió con la incertidumbre de no saber cuándo podría recuperar la visión de su ojo izquierdo.
Un diagnóstico de cataratas la llevó a ingresar a la lista de espera del sistema público de salud, donde aguardó pacientemente por una cirugía que parecía no llegar.
“El tiempo pasaba y mi situación se iba agravando más. Ya no podía salir sola a la calle porque tenía miedo de tropezar o caerme. Mi esposo tenía que ayudarme en todo”, recuerda.
Eso hasta que un día recibió el llamado telefónico que, dice, “cambió su vida”: era de Clínica Biobío, para avisarle que su operación se realizaría ahí.
"Cuando me llamaron desde la clínica, no lo podía creer. Me preguntaron si aceptaba la cirugía y yo, emocionada, solo decía: '¡Sí! ¿Cuándo voy?'", comenta Felisa. Su procedimiento fue posible gracias a la participación de Clínica Biobío en las licitaciones GES de Fonasa, un mecanismo que permite derivar pacientes del sistema público a instituciones privadas dispuestas a absorber la alta demanda de cirugías y contribuir a la reducción de las listas de espera.
A los pocos días de este aviso, fue intervenida en su ojo izquierdo y, cinco días después, en el derecho. Su recuperación fue inmediata. "Era tanta la emoción que me costaba creerlo. Después de tanto tiempo, volvía a ver con claridad", rememora.
El procedimiento estuvo a cargo del oftalmólogo Dr. Álvaro Bobadilla, quien junto a su equipo médico acompañó a Felisa. Pero lo que más destaca de su experiencia en Clínica Biobío no fue solo la atención médica, sino también, el trato humano que recibió. "Estoy muy agradecida del doctor, de todo el equipo. Hasta la señora del aseo me ayudó cuando iba al baño. Me sentí muy cuidada".
Hoy disfruta de su independencia y de las pequeñas cosas que antes le resultaban difíciles. "Poder ver nuevamente es una bendición. Ahora salgo sola, y sin miedo", afirma con alegría.